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Burro el que lo lea

Burro el que lo lea

Por ser un burro negro y nacer en una zona en la que tienen la creencia que estos animales traen mala suerte sino se les hace trabajar duro, durante toda mi vida me levantaron pronto y empezaba ayudando en los trabajos del campo, más tarde pasaba al molino a moler el grano,  comía y bebía lo justo y sin mucho descanso cargaba con los hijos de mis dueños y los enseres del campo hasta la granja que estaba a casi una hora de camino. Así día tras día, con el frío invierno y el demoledor verano, pensando en que mi sino era culpa de mi madre y mi padre que me dieron la genética que me hizo negro, aunque después de buscar culpables a mi situación durante mucho tiempo, empecé a pensar que quizás ellos no eran conscientes del perjuicio que me ocasionaría ser negro, ya que ninguno de los dos lo era y tampoco conocían las costumbres de la región, pues no era su lugar de procedencia.  Y si ellos no eran los culpables ¿quién lo era? Si mi historia resulta que empezó con un acto de amor, ¿es posible empezar de mejor modo? Si mientras era pequeño me alimentaron y protegieron ¿Se le puede pedir a alguien más allá de la actitud?

Fue cuando me quedé sólo cuando empecé a preguntarme que parte de mi era un eco de mis antepasados y cuanto había puesto en el coctel resultante por mi parte, no perder la esperanza de que hay otro camino posible que como el que recorremos no sabemos dónde nos llevará, pero podemos decidir cuál es el que queremos cambiando el rumbo de nuestra vida.

Nací burro y no gallina, por eso no tiene sentido quejarme por no poder poner huevos, esta primera característica condicionó mis posibilidades individuales la carga biológica hereditaria nos condiciona nuestra expresión, pero ser burro y trabajar duro, me dio la fuerza suficiente para poder escapar de una situación en la que me creía atrapado, después de vagar toda la noche no sabía ni donde estaba, tampoco importaba ahora era el momento de disfrutar de la libertad de vivir el cambio, notaba que el entorno natural que hasta ese día resultaba una carga se había transformado en un torrente de emociones tan sólo con desearlo.

Un día ya muy lejos en tierras salvajes conocí a una burra extraordinaria, toda entera de color cacahuete, me impactaba cada uno de sus movimientos, todavía no lo sabía pero me estaba enamorando y comenzamos una historia juntos, al cabo de los años tuvimos dos hijos totalmente blancos lo que me tranquilizó por si alguna vez volvía a mis tierras de origen. Intentamos trasmitir nuestras experiencias para que aprovecharan mejor cada momento de su vida, pero todos somos muy burros para aprender de la experiencia ajena y por eso acabamos repitiendo los errores de nuestros antepasados.

A la mayoría de edad uno de los burros decidió que quería probar fuera de la zona familiar y pese a que creíamos que podía estar equivocado le dejamos escoger, resulta que después de hacer varios cientos de kilómetros lo cazaron en un valle y lo llevaron a una granja, en esa zona resulta que creían que los burros blancos traían mala suerte y que sólo haciéndoles trabajar duro podía evitarse. Y volvió a repetirse la historia de su padre sólo que está vez sabía que necesitaba poder escapar y que sólo lo conseguiría si se esforzaba en ganar fuerza en el trabajo.

Al cabo del tiempo pudo huir y volvió con sus padres ya viejos que al igual que su hermano lo recibieron emocionados con ganas de compartir los momentos que cada parte había vivido, sin reproches. Empezó y explicó cómo le había ido y su padre al oírle se culpabilizaba de no haber sabido trasmitir su experiencia de forma que su hijo hubiera evitado pasar por lo mismo, de no haber vuelto a su origen donde los burros blancos no habrían tenido problemas o no haber mostrado más firmeza para que no los hubiera abandonado.

Tenemos vista de burro y debemos de alejarnos mucho para apreciar lo que siempre tuvimos al lado, en otras intentamos entender lo que sólo debemos sentir e intentamos sentir aquello que sólo debemos entender y vemos que los problemas no se resuelven buscando culpables sino soluciones, que no todo es previsible aunque haya que estar preparado, que el tiempo pasa pese a que nosotros permanezcamos parados.

Cuando escogemos nos quedamos con una alternativa de entre las que conocemos, obviando las que ignoramos, por ello es fácil equivocarse, pero no decidir es peor, es seguir preso de una vida sin sentido, no es más burro el que se equivoca sino el que no toma decisiones por no equivocarse, pues no se está dando la oportunidad de tener éxito.

Ahora con la edad y la experiencia cuando intento entender mi recorrido, no busco culpables ni errores, ni venganzas, ni alternativas, porque el pasado es inalterable y sólo encontré dos caminos el de la felicidad para disfrutarlo y el del fracaso para aprender, tengo la suerte de poder decir que todo fue responsabilidad mía, fui quien escogió en cada momento cada camino asumiendo el riesgo de equivocarme y sumar más burradas a mi historia.

Después de tantos miles de años sigo siendo burro, no se contestar a las grandes preguntas de los antiguos filósofos y además ni me preocupa, rebuzno adecuadamente y mi egolatría y arrogancia, hacen que piense, que no hay nadie más burro que yo.

(fin del post)

Acabo de publicar un libro que aporta herramientas para el auto conocimiento como primer paso para desde ese punto avanzar en el crecimiento personal. Invita a la reflexión y también a pasar a la acción, dejando de ser espectadores de nuestra vida. (parte del contenido es sobre comportamiento no verbal)

 

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Espero que ayude a las personas a ser más felices y ofrecer a los demás su mejor versión.

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