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Dr. Jenkins y mr. Hyde, no hay dos sin tres

Dr. Jenkins y mr. Hyde, no hay dos sin tres

 

Cuando hablamos de comportamiento no verbal, en principio son nuestros sentidos los que hacen un primer filtro de los estímulos a los que estamos expuestos y podemos encontrarnos con tres tipologías de respuesta:

Fisiológica (automatizada – de muy difícil intervención), se ejecuta sin que aparentemente tengamos mucho control, por ejemplo ante una situación de miedo, varía la temperatura de algunas zonas de nuestro cuerpo, se modifica el ritmo cardiaco, manifestamos a nivel facial la emoción, alteramos las pautas respiratorias, etc.

Emocional, es del tipo estímulo-respuesta, pero se puede regular y controlar, en el caso del miedo,  las sensaciones de pánico, temor, ansiedad, etc. son el resultado de creer que nuestra supervivencia está en riesgo y podemos reevaluarlas relativizando la importancia.

Cognitiva (racional) se ejecuta en paralelo, pero suele ser más lenta al intervenir múltiples focos y pese a que intenta tener una base objetiva, está sometida a todos nuestros sesgos personales que parten de:

  • Creencias personales (interpretación deformada)
  • Estado (actitud, circunstancias, predisposición, condicionamiento)
  • Deseos (objetivos)
  • Evaluación/valoración (procedimientos fluctuantes y únicos)
  • Experiencias (memoria)

Estas respuestas no siempre se dan simultáneamente y en ocasiones no encontramos todas. Hoy en día la cantidad de estímulos es tan grande que vemos sólo aquello que queremos ver y en ocasiones ni eso, por esta situación la regulación emocional se hace cada vez más difícil y aumenta una especie de autismo social que muestra la incapacidad individual ante la saturación comunicativa.

El conocimiento que adquirimos por la experiencia y la repetición de patrones no se consolida ya que los tiempos de vida de los ítems cognitivos son cada vez más cortos.

Las emociones primitivas se han tenido que ir adaptando y si seguimos con el miedo como ejemplo, en su día daba respuesta a una situación de peligro, es decir encontrarse con un depredador más fuerte que nosotros y hambriento. Hoy en día las probabilidades de encontrar esas situaciones son ínfimas, entonces contra más controlado y seguro es nuestro medio, más numerosos y poco adaptativos son nuestros miedos, por ejemplo que baje la bolsa, que perdamos el trabajo, que se rompa una relación importante, que mis hijos tomen drogas, etc.

Pese a todas las dificultades estamos programados para expresar toda la complejidad en buena parte inconsciente de cualquier situación, siempre que algún trastorno no nos lo impida y medimos la intensidad o nivel de activación que queremos trasmitir (recelo, susto, alarma, fobia, desasosiego, espanto, pavor, temor, terror, horror,…)

Las emociones se entremezclan con otras emociones básicas o secundarias, con respuestas incontroladas y con reflexiones racionales en un coctel que da lugar a nuestra comunicación final, por lo que dar la vuelta al proceso a través del análisis del comportamiento requiere no sólo de conocimiento académico sobre la materia, sino experiencia y una gran dosis de observación del medio, de datos referenciales de la “normalidad” de la persona o personas estudiadas, pues entre otras cosas es necesario reconocer los automatismos ya que aportan poca o nula información si tienen esta naturaleza, además de podernos inducir a errores.

La interpretación de la “realidad” hace que la deformemos y busquemos el equilibrio en vez de adaptándonos a ella, adaptando la realidad a nosotros, me explico, como carecemos del tiempo necesario o de las competencias adecuadas para adaptarnos al medio hostil y cambiante, decidimos percibir el medio como más amigable y estático, para reducir nuestra inseguridad.

He escogido el miedo como ejemplo, pero lo mismo pasaría con cualquiera de las otras emociones, la intervención cognitiva va en aumento puesto que la complejidad de situaciones cada vez es mayor y el catálogo emocional no da respuesta a los cambios tecnológicos, científicos, sociales, etc. La zona cortical que es donde se encuentran nuestros procesos mentales más complejos, dispone de una flexibilidad neuronal considerable y será la que dé respuesta a la interminable lista de retos evolutivos a los que nos enfrentarnos, ya que es la zona de expansión natural del cerebro.

Tendremos que ir revisando los resultados que nos aporta la ciencia con el fin sacar nuevas conclusiones y revisar las viejas, para que no se queden obsoletas ante tanto cambio y se transformen en creencias limitantes, además de encontrar la forma de paliar los trastornos derivados del colapso adaptativo por la sobre estimulación continuada.

Cabe destacar que los procesos comentados se retroalimentan y están interconectados de forma íntima, por lo que teniendo en cuenta como funcionamos, la motivación y sobre todo la actitud, pueden cambiar no sólo nuestro interior, sino también alterar nuestra percepción e iteración con el mundo y por extensión nuestra vida.

 

Manipulando la parte interpretativa de los estímulos, tenemos “universos paralelos”

Cuándo no encuentras solución, ¿has probado a cambiar el problema?

(fin del post)

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