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Quo vadis

Quo vadis

 

El bosque crecía en una fértil tierra y sus árboles arraigados miraban día tras día el paso del sol con la creencia de que nunca nada cambiaría su vida, dedicada a aportar oxígeno y materiales para hacer carbón natural, con el que poder ayudar a sobrevivir del frio invierno a muchas personas.

Un día uno de ellos fue elegido por el leñador, para hacerse una piragua de pesca, lo cortó, le quitó de forma progresiva la ramas y lo vació parcialmente dándole la forma adecuada. Los otros árboles miraban aterrados el proceso y enterraban más sus raíces en un intento de aferrarse a su entorno conocido, como una respuesta instintiva al miedo al cambio.

imagen-1276La piragua viajó a otros lugares, conoció corales y peces que nunca soñó, descansó sobre las arenas de la playa y ayudó con las capturas a que muchas personas sobrevivieran al hambre.

Aunque había muerto como árbol mantenía su espíritu solidario, su esencia, sólo se puede renacer si antes se muere, por lo que el cambio no mata, transforma y el miedo a lo desconocido nos ancla en ocasiones y acabamos muriendo de viejos, o por alguna plaga, por algún incendio, por alguna sequía, sin transcender a otras vidas posibles.

En ocasiones se necesita un leñador que provoque el cambio, que dé la posibilidad de ser una columna de soporte de una construcción, una pieza esculpida de madera, un diseño de un ebanista, un libro o un árbol de un bosque, pues en ocasiones se cambia para volver al origen, para dejar de esconderse , para reencontrarse, para dar sentido.

Todos los cambios duelen y asustan, en muchas ocasiones la respuesta será quedarse petrificado, por lo que buscar vuestro leñador interno que os ayude a renacer  al movimiento continuo de la vida, donde no tener un propósito, un objetivo, una razón, es estar muerto.

“No hay viento favorable, para el que no sabe a dónde va. (Séneca)”

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